Por fin. Por fin mañana juega España. Ya era hora. Por fin sabremos que diantres es la REFORMA LABORAL. Hip, hip … HURRA.
O no, porque aún hace unos minutos el portavoz del PSOE en el Congreso, José Antonio Alonso, aseguró que las "líneas maestras" de la reforma laboral "ya están trazadas", aunque admitió que el decreto ley que apruebe mañana el Consejo de Ministros puede contener algún cambio.
Y es que ya sabemos varias cosas:
1º.- Sabemos que como llevan una semana de comedia, se habrán firmado unos 200.000 contratos menos en los que va de mes, pues ¿quien va a contratar a sabiendas de que todo puede cambiar a mal o a peor?
2º.- Sabemos la reacción de los sindicatos, que anuncian la convocatoria de una huelga general. Puff.3º.- Sabemos que el Gobierno ha decidido tramitar la reforma como proyecto de ley, lo que alargará el proceso ofreciendo, de ese modo, mayores márgenes para organizar cambalaches hasta su aprobación por el Congreso.
Y que no sabemos. Pues nada de lo sustantivo.
No sabemos cómo será el sistema de negociación colectiva, probablemente el elemento institucional con mayor impacto sobre los resultados y funcionamiento de nuestro mercado de trabajo.
Hablan de reducción de la indemnización por despido. Si, esto era importante hace dos años. Pero ahora a que empresario le importa exclusivamente eso ahora. ¿Qué se van a despedir a TRES MILLONES de personas más? Pues claro que no.
Ahora lo que importa es crear empleo. Es lo fundamental. Y la negociación colectiva es un aspecto esencial para ello por varios aspectos:
Primero.- Porque no se puede seguir otorgando exclusiva representación de los trabajadores y empresas a entidades que no representan ni al 10% de ambos, y ninguna representa a los parados o pequeños empresarios (entre los que me incluyo).
Segundo.- No pueden seguir existiendo acuerdos colectivos sectoriales provinciales que desoyen aspectos fundamentales como la evolución del paro, la productividad y la particularidad de las microempresas (generadoras del 93% del empleo privado), estrangulando su potencial de crecimiento en aras de no sé cual derecho consuetudinario del trabajador (es decir, la costumbre de cobrar por ir a trabajar, sin relación con los resultados, aumentando un nuevo estadio en la Pirámide de Maslow).
Tercero.- La inmisericorde claúsula según la cual si los interlocutores sociales se encuentran incapacitados intelectualmente para llegar a un nuevo acuerdo al finalizar el periodo acordado , prevalece el acuerdo anterior , de forma que el acuerdo primitivo se convierte en un acuerdo pétreo, imposible de romper cualesquiera que sean las circunstancias que el momento exija, abocando a la empresa a la pérdida de competitividad y la consiguiente reducción de empleo en aras a su supervivencia .
Es por esto que, al margen de la cantidad a pagar por despedir, que solo resuelve un problema puntual , debe revisarse el sistema de negociación colectiva, recogiendo mejor el sentir y la situación de todos los trabajadores y empresas, facilitando que las condiciones pactadas se ajusten mejor a las posibilidades, demandas y necesidades del mercado, introduciéndose de esta forma mayores niveles de flexibilidad y eficiencia en busca de un claro objetivo: la estabilidad laboral en connivencia con la rentabilidad empresarial.
En definitiva , y en alusión a Tomás Moro : las dos puertas de una utópica casa llamada ECONOMIA DE MERCADO.
No me hago ilusiones, pues EL ILUMINADO nunca obrará en favor del bien común de los ciudadanos. Pero quizás alguien, alguna vez ...........
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