Este país es único para celebrar discusiones absurdas que no conducen nunca a ningún sitio ni tienen otro objetivo que la mera distracción acerca de los hechos relevantes del momento, solapándolos temporalmente hasta que pueda volver a discutirse de otra tontería nuevamente.
La izquierda y el nacionalismo son muy dados a buscar iconos ( sloganes ) donde agarrarse al inicio de una discusión bizantina : imposible de comprobar y baldía en su razonamiento.
Estos días, con la que está cayendo, toca la Semana Santa. Dicen los “laicos” que hay demasiado cargo público e instituciones representando los pasos de la Semana Santa y que eso es preponderar al catolicismo frente a otras religiones.
Ni siquiera merece la pena dedicar un minuto de esfuerzo mental a contestar tales elucubraciones. Como si alguien pudiera erigirse también como educador de la creencia de cada individuo y encima pudiera determinar donde y cuando puede o no manifestar estas creencias individuales en público.
Lo realmente alarmante de la sucesión de reflexiones acontecidas en los últimos años acerca de temas morales, religiosos o simbólicos es la puesta en escena de la división existente en España entre dos formas de entender la sociedad. Pero en contra de tiempos pasados, estas dos Españas actuales no siguen los , digamos, estándares habituales de derecha e izquierda ( absolutamente estériles y en deshuso intelectual ) si no otros más peligrosos y con un atisbo mayor de radicalidad.
Hablo del rencor. España se está dividiendo en dos facciones : los que viven y apuestan por el rencor permanente , y el resto.
Y esto es muy grave, pues aquellos instalados en el rencor nunca respetarán las reglas, nunca pondrán la otra mejilla , y pueden terminar llevando al resto ( que somos la mayoría, votemos a quien votemos y recemos a quien recemos) a una confrontación , como mínimo dialéctica de gran dureza , que logrará, como siempre hacen este tipo de batallas, anquilosar sino retroceder en todo lo conseguido en 35 años de convivencia democrática.
