viernes, 25 de marzo de 2011

SALARIOS , PRODUCTIVIDAD E INFLACIÓN

El Iluminado trae como deberes de primavera el posible acuerdo sobre negociación colectiva y revisión de salarios conforme a un hipotético ajuste de estos en razón de la productividad.

No estoy muy seguro de que él sepa realmente de lo que está hablando, y aun dudo más que los que están negociando este chanchullo, es decir , los sindicatos, sean ni siquiera capaces de atisbar en qué consiste este ratio .

Lo primero que debemos de pensar es que España basa su gran parte de PIB en el sector servicios. Esto es innegable. Es por esto que dependemos tanto del consumo interno y el salario de los trabajadores, o mejor, lo que queda del salario de los trabajadores después de hipotecas y alimentación, es indispensable que sea revertido nuevamente en la cadena de gasto para seguir alimentando la maquinaria de recaudación.

¿Pero que sucede si el trabajador rebaja su nivel de ingresos manteniéndose fijos los gastos indispensables? Pues que su resto es menor y por tanto consume menos. Esto hace que los productos objeto de este consumo roten menos y las empresas deban aumentar sus precios con el fin de alcanzar el punto muerto con menos ventas. Y así sucesivamente. Y eso origina, finalmente, inflación. La consecuencia es el empobrecimiento paulatino de la población y la destrucción de empresas y puestos de trabajo de forma sostenida e inevitable.

Y en este punto entra el debate en torno a la vinculación de salarios y productividad que conduce, de forma inevitable, al marco de la negociación.

Si somos capaces de entender que el trabajador debe tener afán por obtener más dinero por su trabajo , de forma que su resto después de los gastos fijos sea mayor para poder consumir de forma más o menos holgada,también comprenderemos que los empresarios incrementarán su nivel de ventas, consecuentemente su nivel de beneficios y así sucesivamente.

Es por esto que la propuesta debiera de ser, por supuesto, vincular la subida de los salarios a la productividad de la empresa, o mucho mejor, del sector de actividad de la empresa, pero sin perder de vista que los trabajadores no tienen rentas suficientemente altas como para poder permitirse perder poder adquisitivo y, hemos visto, que esto tampoco es bueno para los empresarios.

Por tanto, el ratio de productividad debe ser el ombligo donde se mire el trabajador y la empresa para conservar e incluso mejorar la inflación.

De esta forma, el trabajador se verá motivado a desarrollar su trabajo de la forma más competitiva posible dentro de los estándares marcados por la empresa o sector donde trabaja ( al obtener como premio un aumento de salario real sobre la inflación) y la empresa mejorará su competitividad al ser más productivo el trabajador que la desarrolla ( aumentará el beneficio al distribuir los costes entre mas unidades o servicios producidos o realizados).

Todo esto desembocaría indefectiblemente en un asentamiento mucho más estable del trabajador en su empresa, una mejora constante de la empresa para poder facilitar al trabajador los mecanismos para mejorar su productividad y eliminará del mercado la empresa menos competitiva dentro de cada sector, mejorando la cualificación tanto del empresario como del trabajador.

Debemos abordar la reforma del sistema favoreciendo una mayor representatividad de los parados, los trabajadores temporales y las pymes (verdadero motor de creación de empleo) en la negociación de ese acuerdo marco sectorial.

Se deben establecer las fórmulas para hacerlo como por ejemplo fomentando los convenios privados entre empresa y trabajador, dentro del marco específico de cada sector al que pertenezca. Y ese marco general debería ser el único resultante de una negociación bilateral sindicatos-patronal, porque cada unos sabemos lo que tenemos en nuestra empresa y lo que se puede ofrecer en cada momento en razón de la situación económica por la que se atraviese.

Tengo mis dudas de que esto sea comprendido por gentes que tan solo han oído hablar de estos conceptos pero nunca se han visto sujetos a ellos, por lo que entiendo que , al final, terminarán discutiendo sobre los extremos: o uno o lo otro;  sin darse cuenta de que , casi siempre, en el centro suele estar la cordura. Y cuando hablamos de economía, los extremos simplemente terminan en nuevas paradojas contrarias a lo pretendido con su implantación.

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