martes, 3 de noviembre de 2009

DESEMPLEO Y REFORMA DEL MERCADO LABORAL


Que la actual situación PERSONAL de una parte de la población española es insostenible es un hecho constatable día a día por innumerables informes de carácter social que se realizan sistemáticamente.
Que España , como país, pasa por una situación de “stress financiero” abocada a la bancarrota en un plazo de 12 o 15 años de proseguir esta sangría de destrucción de empleo tampoco es discutible a tenor de los Presupuestos Generales del Estado aprobados para el ejercicio de 2010 en los que se aumenta la partida de gasto en subsidio de desempleo y se disminuye el gasto en I+D+i ( es decir, en formación de personas de alta cualificación , sobre todo en las universidades ), con lo que se bajan las manos en un gesto de impotencia del actual ejecutivo ante la situación de crisis particular que vive España, siendo según todos los informes , el último país de la Unión Monetaria en salir de la situación de recesión en la que está inmersa.
Muchas son las recetas para intentar salir de esta situación que se deslizan desde todos los sectores de la sociedad sin recibir apenas ningún análisis sosegado por parte de los responsables de ejecutivo, con Jose Luis Rodriguez a la cabeza.
Pero de entre todas una destaca por encima de todas, que hasta el Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la UE, D. Joaquín Almunia, reconoce abiertamente: LA REFORMA DEL MERCADO DE TRABAJO.
Y esto es porque hay hechos que son incontestables: obtener ingresos solo por la vía de la deuda es insostenible, y solamente en un mercado creador de trabajo es posible la obtención de los recursos suficientes para garantizar un mínimo estado de bienestar. Con destrucción de empleo, se destruye además el potencial de creatividad que representa la vitalidad del joven emprendedor/trabajador y la experiencia que aporta el trabajador veterano.
Por ser políticamente incorrecto, me referiré siempre con términos genéricos para no resultar repetitivo en las alusiones a las personas, sin distinción de sexos.
Está claro que la actual situación del panorama laboral español es diferente del resto de la Unión Europea , mientras la crisis financiera afecta por igual a los países de nuestro entorno, ellos apenas incrementan sus cifras de paro en una decimas, mientras nosotros los hacemos pasando al doble de tasa de paro en un año. Y eso debe analizarse.
Que características particulares acontecen en nuestra economía para que esto suceda. Veamos:
1º.- El trabajador es así llamado porque desarrolla su labor remunerada por una empresa.
2º.- Empresa es toda aquella persona, física o jurídica, que tiene capacidad de emplear a trabajadores.
3º.- España cuenta (o contaba) en 2009 con 3.355.830 empresas (fuente INE).
4º.- El 94,5% de las empresas, es decir, 3.170.466 empresas, tenían menos de 10 trabajadores
5º.- El número de personas en desempleo asciende a 4.200.000.
6º.- El 1% de las empresas españolas, unas 12.000, tienen más de 100 trabajadores.
.- Cualquier trabajador puede pasar de esta situación a la de empresario si considera viable la expectativa de crecimiento económico general y, por supuesto, el particular.
Del análisis de estos datos, cabría esperar que es más fácil crear las circunstancias para que una de cada dos microempresas creen un puesto de trabajo (situándonos en cifras de paro similares a las de nuestro entorno) que conseguir que las 12.000 grandes empresas con más de 100 trabajadores incrementen su plantilla al doble para conseguir el mismo efecto. Es decir, crear las condiciones necesarias para que el microemprendedor opte por contratar trabajadores es más razonable, a corto plazo, que desviar ingentes cantidades de dinero hacia macro empresas con los suficientes recursos para lograr una opacidad suficiente que impida el correcto control de los recursos transferidos.
Es desde todo punto de vista un error seguir planteando la creación de empresas desde el punto de vista de la subvención amparada en hipotéticos modelos de crecimiento más o menos improvisados. Al igual que la vida, el mercado se abre camino él solo, sin ayudas. Si nos fuéramos a tensionar esta situación al límite, si construyéramos un escenario donde fuera imposible la obtención de ayudas para la creación de una empresas, obtendríamos como resultado que alguien , en algún lugar, obtendría los recursos privados suficientes para intentar obtener un beneficio de sus habilidades, lo que crearía un principio de monopolio que quedaría roto casi al momento de crearse cuando los abastecedores de esa primera empresa creyeran que podrían obtener beneficios superiores desarrollando ellos mismos una parte del servicio que prestan al monopolista, y así sucesivamente volvería a crearse un tejido comercial competitivo y marcado por unas reglas solo interrumpidas por la acción del mercado: esa es la acción humana , inherente a la propia condición del ser humano.
Es decir, se necesitan reglas claras para todos. La subvención desvirtúa la competitividad, elimina recursos eficientes sustituyéndolos por otros ineficientes pero sustentados durante un tiempo en el estímulo que los creó, y al cesar ese estímulo, se vienen abajo como un castillo de naipes, sufriendo, sin duda alguna, con más virulencia, los actores más débiles en esa acción.
Es cierto, y no vale la pena negarlo, que sin una acción combinada a escala mundial, este hecho (la desregulación de los sectores de actividad) sería inviable, pues el resto de competidores extranjeros, operadores en mercados intervenidos, entrarían en nuestro país como un elefante en una cacharrería (caso de la eléctrica ENEL, propiedad del Estado Italiano), por lo que solamente desde el punto de vista del mercado interior este hecho sería plausible.
Y es ahí donde debemos buscar el nicho del comienzo de la recuperación en España. Un sector, el del pequeño empresario, que nunca será accesible a la gran empresa, pues los rápidos cambios que se producen en los mercados son rápidamente asimilados por estructuras sencillas que hacen que las grandes tengan que asumir, casi siempre a su pesar, mayores cotas de competitividad para continuar la actividad.
El desarrollo de esta política conllevaría resultados esperanzadores , pues qué duda cabe que la entrada y salida permanente de pequeñas empresas al mercado contribuyen al aumento de la productividad, pues con cada nueva empresa se da una vuelta de tuerca en el camino de la competitividad para poder subsistir en un mercado muy duro, y asimismo, el cambio de empresa o incluso de actividad durante los primeros años de trabajo del joven refuerzan su formación y contribuyen a encontrar sus verdaderas aptitudes para desenvolverse en su futuro laboral más estable.
¿Cómo podría realizarse esto cuando la rigidez del mercado laboral actual establece tantas cortapisas que el realmente indefenso ante la maquinaria administrativa laboral es el empresario y no el trabajador?
Los primeros pasos de la mayoría de los trabajadores son siempre en empresas de reducida dimensión, las cuales ven que, una y otra vez, tras lograr rentabilizar el puesto de trabajo creado, en la mayoría de los casos no logran retener a esa persona formada, que decide (y así debe ser pues es legítimo la aspiración de progresar de cualquier individuo, dar el salto a la gran empresa, buscando una mejora de su calidad de vida personal, social o intelectual) interrumpir su contrato laboral.
Sin embargo, se exige a este pequeño empresario que cumpla con todos los requisitos inherentes a su condición de empresario, como si de una gran empresa se tratara.
Pongamos un ejemplo: imaginemos la situación en la una de los dos partes de un contrato no puede romperlo sin que ello conlleve una jugosa indemnización en razón del tiempo que lleva aplicándose el contrato, mientras que la otra parte puede romperlo en cualquier momento , sin dar más explicaciones. Convendríamos en que ese contrato no beneficia o perjudica a las dos partes por igual, por lo que en esencia sería un contrato injusto y, seguramente, sujeto de nulidad en caso de litigio. Siguiendo con el ejemplo, imaginemos que la parte sujeta a jugosa indemnización es una empresa, y quien tiene que indemnizar por romper el contrato es un trabajador. ¿Creería alguien que es un hecho justo? La respuesta es no, por supuesto. Pues eso sucede al contrario sin que a nadie parezca importarle.
Ahí es donde está fallando nuestro sistema laboral, y ahí es donde se deben incorporar las “temidas medidas de reforma que vulneran el fabuloso status del que gozan los trabajadores con contrato indefinido de empresas u organismos imposibles de controlar”.
Pero volvamos a la situación actual. Emprendedores con ánimo existen, empresarios avezados y solventes hay, mercado hubo y por tanto sigue latente. ¿Cuál es el freno a la reactivación económica en nuestro país? Por supuesto pueden darse varias respuestas, pero siempre irían unidas a una central, la temida REFORMA DEL MERCADO LABORAL.
Temida por el maniqueísmo de Gobierno y Sindicatos simplificando este concepto en atención a la bajada de la indemnización por despido, como si el objetivo último de un trabajador al acceder a un contrato de trabajo fuera cobrar una indemnización y el del empresario que lo contrata tuviera como objetivo despedirlo. ¿Alguien se imagina al presidente de un partido político negociando antes de ir número uno en la lista cuanto sería el importe de la indemnización si no sale elegido? Absurdo, verdad. Pues ahí es donde queda el análisis intelectual de Gobierno y Sindicatos simplemente al escuchar la frase Reforma del Mercado Laboral.
Cuando un emprendedor/empresario cree que es posible ganar dinero explotando una idea, no duda en sacrificar o, como mínimo, arriesgar su patrimonio (presente y futuro le diría el banquero que le preste el dinero para su sueño). Que más se le puede pedir? Para realizar ese sueño, no dudará en adquirir los bienes necesarios, incluida la mano de obra, que garantice el cumplimiento del objetivo marcado.
Y ahí es donde comienza a fraguarse una espiral de crecimiento que , como un remolino, va envolviendo todos los resortes de la economía casi sin darnos cuentas, creándose más demanda , a mas demanda mas mercado, a mas mercado más empresas, a mas empresas más trabajo….
Por ejemplo, un primer esfuerzo de política activa directa para la contratación de 1.500.000 trabajadores podría ser la reducción de la cuota patronal a la seguridad social, que cifrándolo en 300 eur/mes, supondría un desembolso mensual de 450 millones de euros como máximo ( 300 euros/mes/trabajador), es decir, 5.400 millones de euros al año; o lo que es lo mismo, una reducción del 32,25% de los 8.000 millones del Plan E. Asimismo supondría un ahorro de más de 10.000 millones de euros al año en prestaciones de desempleo.
La demanda actual del Estado Español es el empleo. Más que nunca.
• Si pensamos que la ingente cantidad de recursos utilizados solo han significado aumento del desempleo en términos absolutos, y aumento de la deuda en términos de PIB insostenible.
• Si pensamos que esa dilapidación de recursos no ha significado mejora en la solvencia financiera de nuestro país a medio plazo.
• Si pensamos que las políticas económicas previstas siguen haciendo hincapié en el aumento de la deuda con gasto improductivo, en una espiral que obliga a subir los impuestos penalizando el escaso nivel de productividad alcanzado hasta el momento y generando más desempleo.
• Si pensamos que no se erradican las equivocadas políticas activas de creación de empleo, subvencionando la formación teórica de los trabajadores en cursos imposibles y no la practica en empresas que están compitiendo en el mercado actual, con la situación actual.
Si pensamos que el Gobierno sigue empecinado en que las medidas sociales consisten en una estabilidad en el desempleo basado en la subvención del nivel mínimo de subsistencia.
• Si pensamos, por tanto, que el Gobierno debe ser el impulsor de las medidas necesarias para conseguir reordenar el procedimiento de contratación de forma que no recaiga sobre el emprendedor no solo el riesgo por una inversión fallida, si no la culpa por la pérdida del puesto de trabajo creado con ilusión.
• Si pensamos, por tanto, que es el gobierno el que debe articular el procedimiento de capitalización de una parte del salario del trabajador por la posible pérdida del trabajo o como fondo de recuperación una vez terminado su ciclo laboral, riesgo que se debe de asumir por parte del trabajador a la hora de contratar, algo que sin duda realiza el emprendedor a la hora de invertir.
Si pensamos de esta forma, estamos en condiciones de afrontar la Reforma del Mercado Laboral desde la vertiente de las medidas necesarias para lograr nuevamente la confianza del pequeño emprendedor en un futuro saludable donde el riesgo pueda ser medido y evaluado en términos de crecimiento económico.
Algunos podrán pensar que me olvido de uno de los actores esenciales en este escenario: el trabajador.
Pero no, lo que trato es de colocar a cada actor en su escenario. El empresario tiene como misión la creación de riqueza, la suya personal en primer lugar, faltaría más, pero la nacional es inherente al propio concepto del beneficio, y este siempre tendrá como principal beneficiario al trabajador y a la sociedad en su conjunto. ¿O seguimos creyendo que, al igual que los bebés, el dinero viene de Paris (o como dice algún indocumentado personaje que nunca soñó con administrar siquiera sus propios bienes y llegó a Ministro del Gobierno de España: el dinero público no es de nadie)?
Nos debemos preguntar : Si cualquier persona se encontrara en tal situación que su vida dependiera del trasplante de un órgano vital, su preocupación sería el hecho en sí mismo a la mayor urgencia, o las secuelas psicológicas futuras al pensar que no tendrá, una vez trasplantado, todos los órganos con los que nació? . Y a sus familiares más cercanos que les preocupará más, ¿su recuperación física inmediata o que la ropa que usaba ya no le vendrá bien al haber perdido peso?
Lo inmediato, al igual que en la reflexión anterior, es salvar la vida al paciente, es volver a introducir al trabajador en el mercado laboral, a la mayor brevedad.
Es posible que el empresario haya realizado una mala gestión en su empresa y ello conlleve el cese de actividad y el despido de sus trabajadores, ¡todos pierden! ; Pero, ¿cuántas empresas no se han visto abocadas al cierre por una mala gestión de la Administración, por impago de trabajos realizados, deudas infinitas imposibles de cobrar que finalizan siempre igual, con el cese de la actividad y el traspaso de esta negligencia al empresario que tendrá que abonar de su bolsillo todos los costes inherentes al cese (incluida la indemnización de los trabajadores) mientras las Administración Local, Regional o Estatal se lava las manos?
Sin la confianza en un sistema que no cargue sobre las espaldas del empresario todas las responsabilidades, será difícil generar nuevas expectativas, y la cuerda se rompe siempre por la parte más débil, la persona que nunca logrará un trasplante a tiempo (entiéndase un trabajo) que genere una estabilidad social en su vida.
Y digo yo, ¿no será, visto su exiguo patrimonio, que realmente los actuales gobernantes, con el Presidente a la cabeza, luchan por defender su indemnización?
Se les ha elegido para gobernar, pues gobiernen, o échense a un lado y déjennos progresar en paz con personas capaces de tomar decisiones eficaces que garanticen la recuperación de valores como el esfuerzo , el aprendizaje y la honradez como clave en la confianza y la fortaleza del empleo y el mutuo respeto como base del crecimiento.